LA DAMA DE SEDA
NOCHES DE ROSAS Y DE JAZMINES Tortosa Marzo 1304 La silueta del hombre desnudo, erguido frente a la ventana, quedaba ensombrencida por el resplandor azulado de la fría alborada. A sus pies, el Ebro, con sus mugidos de toro bravo, estremecía las tinieblas de la noche agonizante. - No puedo dilatar más mi estancia, amor mío; debo partir hacia Valencia. "Acabó tu sueño, desgraciada" -pensé aterrada. El rugido del río en su huida hacia el mar amortiguaba los latigazos de mi corazón. Bandadas de buitres comenzaban a danzar en corro sobre mi propio espectro. - No sé qué daría por quedarme para siempre aquí contigo, pero es imposible. Su voz apenas llegab a hasta mí, poema de ausencia, como si la vergüenza de su propia villanía le impidiese atravesar el muro de su dorso. Frente a él la mole oscura de Monte Caro, negra como mi propio miedo. - Créeme: mi mayor anhelo sería observa...